Thursday, December 30, 2004

Adio Kerida


Adio Kerida Posted by Hello
Ruth Behar, antropóloga y autora de Adio kerida (“Adiós querida”), un documental sobre los judíos de Cuba. El título recoge las últimas palabras que mencionó su abuela al despedirse de ella antes de morir, y las cuales provienen del ladino, español antiguo hablado por los judíos sefarditas. Ruth cuenta la historia de sus antepasados, quienes, a causa del antisemitismo en Europa, emigraron a Cuba en 1920. De Turquía y Polonia provenían sus abuelos, los que se iniciaron en la isla como vendedores ambulantes. Cuando se casaron sus padres, el abuelo polaco no concebía judíos que hablaban otra lengua sino el yidish y, para el abuelo turco, el ladino era parte de la identidad judía.
Según Behar, Cuba era uno de los pocos países que los recibía, porque los gobernantes de aquella época querían “blanquear” la extensa población negra.A corta edad Ruth, con el inicio de la revolución cubana, emigró a Estados Unidos olvidando gran parte de la experiencia de sus primeros años. Una necesidad imperiosa la obligaba volver para escarbar en sus recuerdos. Una añoranza compartida por tantos que han salido.Su relato abarca las numerosas visitas de los últimos años a la isla; camina por las calles frecuentadas por sus padres, toca a la puerta de su viejo apartamento, habitado ahora por su nana, quien le relata esos momentos del pasado. Lo que fue su hogar permanece incólume, detenido en el tiempo. Extrae otros recuerdos de los pocos familiares y amigos que se quedaron. Conmueve visualizar cómo el tiempo ha dejado a una comunidad, una vez boyante, hoy prácticamente extinguida. Oímos de los escasos correligionarios cánticos con ritmo tropical que combinan una mezcla de variadas melodías formadas con fragmentos ladinos, rezos hebreos y lengua africana intercalada. Algunos conmemoran los ritos y las tradiciones en las fechas festivas. La sinagoga principal yace en ruinas; en pequeños grupos leen los rollos sagrados en una pequeña sede trajinada y sencilla. Están conservados con esmero desde su traída de tierras lejanas de donde también sus antepasados sufrieron la persecución, pero mantuvieron el empeño de adaptarse a nuevos puertos; perseveraron para empezar de nuevo, con la esperanza de rehacer sus vidas y trasmitir sus tradiciones por los siglos ahí plasmadas. Tristemente en la isla se truncaron esos sueños y ahora sólo quedan los retazos de lo que fue un paso fugaz y tormentoso, que amenaza con borrarse para siempre. No vieron la plenitud en esa tierra, que todavía desvanece en la eterna diatriba amarga e inútil hundida en un espejismo sin riqueza, felicidad o progreso. Algunos esperan hoy ansiosos su partida; otros, oprimidos y resignados, tienen que quedarse; todos desmotivados en la inercia, en un mundo que aspira por la huida.
Se intercalan escenas de su vida en Estados Unidos, donde algunos de sus familiares inmediatos lucen distanciados, ciertos grupos de amigos siguen apegados a las viejas tradiciones religiosas y culinarias. Un solapado deja vu se intercala una y otra vez en remembranzas. Nuevos argumentos llenan los lamentos como en otros tiempos. Nos enseña que continuamente donde estemos, masivas fuerzas mueven los cimientos, y de pronto despertamos con su encuentro. Abrigamos la esperanza de conservar la libertad donde vivimos, y la recordamos entre lo más preciado que jamás hemos tenido y, al perderla, los que se han ido siempre lloran haber tenido que decir alguna vez “adiós querida tierra.”

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