Tuesday, December 21, 2004

Ecos del pasado


Big Bang, Jean Mason Posted by Hello
Ecos del pasado

El UNIVERSO se inicia con el Big Bang hace 13 billones de años. La Tierra circunda en el cosmos desde hace 4,5 billones de años. Los dinosaurios no eran conflictivos, aparecieron hace 248 millones de años y se extinguieron, sin pena ni gloria, hace 65 millones de años. Hace apenas 1,5 millones de años se inicia en Africa el proceso evolutivo hacia el hombre primitivo con capacidad cognitiva. Período que alcanza los confines de nuestro intelecto actual tan solo hace 100.000 años. Comienza la Edad de Piedra y con ella los conflictos.
Las religiones que actualmente practicamos datan de menos de 6.000 años, y provienen de la incorporación de la mitología previa en el inconsciente colectivo. Carl Jung lo ubica en las capas profundas de la inconsciencia denominándolos arquetipos: son entes innatos, inconscientes y universales.
Un almacén de memoria latente heredado del pasado ancestral; no sólo humano, sino con ascendencia pre-humana o animal. La teoría de Jung incorpora la teoría de Darwin con la mitología antigua, y señala que el inconsciente colectivo es universal, por lo tanto, compartido por todos los humanos. Sin embargo, por ser inconsciente, no todos somos capaces de apreciarlo. Jung lo considera una estructura fundamental de la personalidad, y emerge con suprema autoridad en las religiones; adosándole a ellas mitología, rituales, símbolos, sueños y visiones.
Si el mundo tuviera una cultura universal y unificadora, como lo señala Harold Bloom, no emanaría de la religión sino de la literatura. El judaísmo, el cristianismo y el islam tienen una raíz común, pero son más diversos que similares; las otras grandes tradiciones religiosas, en la China e India, son muy remotas en relación a los hijos de Abraham. El Universo tiene una tecnología común a modo de una vasta computadora, pero no es una cultura. Desde hace 400 años Shakespeare es ya un escritor universal leído en todas partes del mundo, él creó personajes muy variados, en un ejercicio infinito de conductas sin necesidad de encuadrarlos en alguna doctrina, bien sea esta freudiana, marxista o feminista. Su universalidad siempre nos derrota, sus obras saben más que uno, y nuestro entendimiento corre el peligro de terminar en ignorancia. Shakespeare trasciende de tal manera que es imposible confinarlo en su tiempo y espacio.
Las religiones, por el contrario, encasillan, dogmatizan, separan y rivalizan al hombre contra el hombre en su búsqueda de redención, consolación, esperanza y reconciliación a través del pensamiento mágico y la fuerza divina para hacernos creer valedera la justicia en la Tierra.
Formamos parte de un proceso evolutivo que corre en su fase incipiente, donde nuestro inconsciente colectivo nos mantiene aferrados a esas creencias. Somos prisioneros de nosotros mismos, por ahora atrapados sin salidas en un laberinto milenario.
Se arrastran sentimientos arraigados en el alma, rechazando en la inconsciencia a cualquiera que difiera en cultura, raza o creencia sin ninguna complacencia. Desde sus inicios hasta nuestros días nos hemos atosigado hasta la saciedad de odio, resentimiento, esclavitud, racismo, matanzas, persecuciones, lapidaciones, hogueras, guerras, exterminios, limpiezas étnicas, confinamientos, exclusiones, incineraciones, holocaustos, torturas, e infinitas locuras.
Tratar de configurar el mundo a imagen y semejanza alrededor de una sola ideología siempre termina por llevarnos tarde o temprano al enfrentamiento y al fracaso. En fin, mientras la única herramienta de que disponemos sea un martillo todos los problemas empiezan a parecerse a un clavo.

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