Friday, December 24, 2004

Entre el zorro y el puercoespin

HAY UNA LINEA entre los fragmentos del poeta griego Archilochus que dice: 'El zorro sabe muchas cosas, pero el puercoespín sabe sólo una y bien grande'. Ha habido numerosas interpretaciones a estas ominosas palabras, donde el zorro, a pesar de su astucia, es vencido por el puercoespín, quien dispone de una única y perfectamente bien concebida defensa. Isaiah Berlin analiza figurativamente esa idea para marcar las más profundas diferencias que dividen a pensadores y escritores, y, quizás, a los humanos en general.
POR UN LADO, el puercoespín, representado por aquellos que relaciona toda a una visión central a un sistema más o menos coherente y articulado, en términos que ellos entienden, piensan y viven; ideado alrededor de un principio con el cual explican todas sus luchas y aciertos, y donde invocan su carencia o incomprensión como la razón de sus fracasos tangibles o inmensurables, él está configurado en: Dante, Plato, Lucretius, Pascal, Hegel, Dostoievski, Nietzsche, Freud, Ibsen, Proust, Marx. Por otro lado, están aquellos quienes conforman diferentes tendencias, muchas veces no relacionadas y hasta contradictorias, sin ataduras, moviéndose en diferentes niveles y sin clasificaciones rígidas o excluyentes, sin limitaciones y con disgregaciones caóticas hasta el infinito. Esa personalidad la alberga el zorro, y está representado en grados variables por: Herodotus, Aristóteles, Montaigne, Erasmus, Moliere, Cervantes, Goethe, Balzac, Joyce, Tolstoi.
SI DESECHAMOS LO superfluo y escarbamos en nuestra mente e intentamos alcanzar su esencia, la mayor dificultad de lograrlo se debe a nuestra condición de entes sociales, afectados por la constante influencia que nos circunda, que nos lleva a diferenciarnos en la superficie los unos de los otros, porque en el centro, en nuestro core, somos básicamente afines, y a ese nivel el zorro y el puercoespín se asemejan tanto que no se adversan. Ese es el fondo, ahí reposa la verdad del ser, su simple y aburrida identidad.
Por otro lado, la forma es el disfraz que nos cubre, nuestra imagen decorada, la imaginación, la seducción, el erotismo, la belleza, la retórica, el hechizo, la fanfarronería, el heroísmo, la exaltación, lo sublime, el sueño y la hipocresía o, nuestra presumible autenticidad, con la que nos aceptan o rechazan, nos envidian y nos admiran. Por ello el credo de Gracián es apropiado: 'nunca lo verdadero pudo alcanzar a lo imaginado'.
AFERRADOS A UN sueño que permita abstraernos y mirar hacia adentro, descartar toda influencia para alcanzar nuestra esencia. Intentarlo en silencio, fuera del tumulto, de los medios, del Gobierno, de los políticos rapaces, del insulto, la ignorancia manipulada y la barbarie; aspirar por dirigentes honestos que reduzcan el nivel de tristeza, combatiendo la pobreza, el abandono y el resentimiento; que permita incrementar la solidaridad, el amor y la bondad. Alejándonos de la guerra, incentivando la paz, con entendimiento y recogimiento, en tolerancia, sin opresión, ahí está la solución: sin dictadura, ni en alguna figura de caricatura; con libertad para todos, es una imprescindible verdad con la que el zorro podría ganar la batalla final de la humanidad, contra ese filoso contrincante que, para nuestro infortunio, se encuentra irremediablemente condenado a enfrentarlo hasta la eternidad.

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