Sunday, February 06, 2005

El Efecto Dreyfus


Degradacion de Dreyfus Posted by Hello

Dreyfus en prision Posted by Hello
THEODORO HERZL en 1894 era corresponsal en París durante la degradación pública del capitán Alfred Dreyfus por el supuesto delito de espionaje. Presenció cuando a Dreyfus, mientras le arrancaban las charreteras, sudoroso y destrozado decía suplicando en resquebrajada voz: "¡soy inocente!". Herzl, en lo más profundo de su corazón, entendió en ese preciso instante que era inocente, y lo habían inculpado injustamente sólo por el hecho de ser judío.
A Herzl esa experiencia lo afectó profundamente y marcó para siempre su misión. La agonía de su pueblo en eterno exilio le desgarraba el alma. Indignado se dijo: "si la segregación es inevitable, que sea total! ¡Si la humillación tiene que ser nuestro eterno destino, aceptémosla con orgullo! Si sufrimos por ser apátridas, ¡creémonos una patria nosotros mismos!".
Ese día proclamó que para el pueblo judío era imposible cualquier intento de asimilación; desechó la ingenua idea de tolerancia y aceptación total. Profetizó la necesidad ineludible de su pueblo de fundar una nueva patria, la propia, en la tierra de sus antepasados.

Hacia los inicios del siglo XX esta afirmación produjo estupefacción y enojo en los círculos judíos vieneses profundamente identificados con la patria austríaca. Compartían su idioma, su cultura y sus costumbres, se sentían que disfrutaban de los mismos derechos ciudadanos establecidos desde mucho tiempo en su querida Viena. Reclamaban que esos argumentos daban pie para separarlos del pueblo alemán con el cual se sentían cada día más identificados.

Por el contrario, en los judíos menos acomodados del Este, los del proletariado, de los guetos de Polonia y Rusia la respuesta era otra. Herzl había encendido en ellos una llama, despertando el milenario sueño mesiánico del retorno a la Tierra Prometida. La única esperanza que daba sentido a millones de personas segregadas y despreciadas en sus países natales.
La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, con sus terribles consecuencias, precipitaron la creación del Estado de Israel, y confirmaron la certera visión profética de Herzl. Más tarde concebida como la única alternativa para sobrevivir la sombría historia de su pueblo: "no podéis vivir como judíos entre nosotros, convertíos (marranos); no podéis vivir con nosotros, váyanse (la expulsión); no podéis vivir (la solución final)".

Cabe suponer que si disponemos de organismos internacionales vigilantes de los valores, sería posible orientar acertadamente a los pueblos por el camino justo. Desafortunadamente carecemos en buena medida de ellos porque están dominados exclusivamente por intereses políticos y económicos. Israel lucha al límite por su existencia y el enfrentamiento coloca al oponente de víctima, y como víctima se favorece internacionalmente. También hoy, para muchos, Irak se percibe como víctima del "agresor" norteamericano y no como un intento de instaurar la democracia. Las manifestaciones se promueven contra Bush y Sharon, no contra los déspotas: Saddan, Bin Laden y Co.
Se tuerce la realidad dando a creer que es un clamor universal; porque los medios globalizados y el lobby de las naciones permiten formas de comunicación efectiva, logrando modificar ideas, creencias, opiniones y actitudes, con un enorme efecto en la capacidad de crear aprobación o rechazo en las masas con fines y objetivos no siempre encomiables sino engañosos. La hostilidad hacia Israel se propicia ahora con fuerza globalizada; una rendija abierta donde Herzl creyó sería la cura de todos los males.

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