Thursday, April 28, 2005

La Divergencia Sutil


Yoli Travassos, La divergencia Posted by Hello
CADA QUIEN CONFORMA una visión de la vida llevando a aceptar conceptos que nos enfrentan y, sin percatarnos, dependen en esencia de diferencias muy sutiles que aspiran alcanzar los mismos objetivos propios de la naturaleza humana: lograr el bienestar con el menor esfuerzo po sible.
Conversando con una amiga italiana proveniente de una familia de larga tradición comunista me señalaba las bondades de la izquierda socialista europea, particularmente en relación con los beneficios que les proporciona la seguridad social, la protección en el trabajo, el derecho gratuito a la salud y la educación. Ella lo veía más ventajoso al compararlo con los beneficios ofrecidos a la sociedad norteamericana.
Otro aspecto resaltante de la controversia radicaba en la exagerada cultura consumista y la feroz competencia corporativa; la que considerada un tanto menos agobiante en Europa. Aborrecía el desenfreno paranoico de los ejecutivos, que me hizo recordar la serie El Aprendiz con Donald Trump y la célebre frase de Andy Grove de Intel: sólo el paranoico sobrevive.
Es posible que los europeos gocen de una vida más relajada y apta para el disfrute, gracias a que el Estado les asegura el futuro y reduce la incertidumbre laboral con menos horas de trabajo y más subsidios _el desempleo puede ser más rentable que el trabajo formal al cobrar la cesantía, lo que impide descender las cifras del desempleo en Europa.
Al final del día existe una diferencia sutil en ambos lados del Atlántico que termina marcando la pauta: más impuestos. En EEUU hasta el 15 de abril debe trabajar un empleado promedio para pagar sus impuestos; hasta esa fecha la totalidad de sus ingresos le pertenecen al Estado. En la mayoría de los países europeos se prolonga hasta junio. En los países escandinavos, donde se disfruta de la mejor seguridad social del mundo, es hasta septiembre.
Los menores impuestos en EEUU impide que se obtengan los altos beneficios de los europeos, pero en esa medida se favorece la productividad y el índice de desempleo, con lo que se pagan la salud y la educación. Por otro lado, muchas veces cuando en Europa el proletariado exige mejoras y menos impuestos, ello conlleva a huelgas y conflictos laborales con las subsecuentes trabas que imposibilitan los despidos, gracias a contratos leoninos obtenidos por los sindicatos.
La competencia es imprescindible para crear nuevos y mejores productos; los centros industriales europeos también deben ser paranoicos para sobrevivir y generar los ingresos necesarios que amerita la seguridad social. En la práctica hoy en día la diferencia tácita entre Europa y Norteamérica no se basa en la interpretación de la democracia, sino en el peso de la carga impositiva. Esa carga inclina la balanza hacia la izquierda o la derecha según sean los gustos.
Lo peor de estos dos mundos se vive en los países del Tercer Mundo; sus ciudadanos están sometidos por un Estado todopoderoso donde campea la corrupción, lo que conduce a una precaria o inexistente seguridad social, mala salubridad y carencia educativa. El menguado parque industrial, la ausencia de competitividad y el pobre crecimiento económico se confabulan con el desempleo para incrementar la miseria y perpetuar el subdesarrollo. La carga impositiva es menor pero los beneficios, de existir, se los devora la inflación; los ciudadanos desconocen sus derechos o se sienten defraudados e impotentes; languidecen esperando las dádivas espasmódicas de un Estado ineficiente que busca el paraíso perdido.

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