Wednesday, September 07, 2005

Híbrido en reverso


Cada mañana en África, una gacela se despierta.
Ella sabe que debe correr más rápido que el más rápido león o será devorada.
Cada mañana un león se despierta.
Él sabe que debe correr más rápido que la más lenta gacela o morirá de hambre.
No importa si eres león o gacela.
Cuando amanece, mejor empieza a correr.
Proverbio anónimo

Después de la disolución de la Unión Soviética la permanencia del comunismo en China nos abre la posibilidad de reconocer que la introducción paulatina de la economía capitalista bajo mecanismos de adaptación lentos puede surtir mejores resultados y menos traumas.
La implementación de libertades económicas en Rusia ha sido un acto fallido que ha evolucionado hacia la creación de entes empresariales surgidos de los beneficios de la privatización, pero con estructuras monopólicas auspiciadas por la permanencia de un sistema gubernamental alineado al centralismo recalcitrante y renuente a aceptar las reglas del mercado. Muy propio de países acostumbrados a los subsidios y donde predomina en sus ciudadanos la inercia, por haber vivido bajo la tutela de un Estado Benefactor, donde por generaciones no han aprendido a adquirir la mentalidad competitiva, y fácilmente confunden los valores éticos y la economía con la justicia social o la religión.
Siempre vienen a relucir sentimientos generalizados de deterioro al comparar las condiciones de vida previa con las que ahora soportan - el pasado siempre fue mejor- y no falta quien responsabilice a las vicisitudes del “capitalismo” como la causa fundamental de sus dificultades. También se suscita la sensación de abandono, fuertemente exacerbada por un Estado que ha sido incapaz de proporcionar los requerimientos básicos a la población, la cual ahora languidece indignada porque debe buscar la forma de hacerse su propio destino y está psicológicamente incapacitada para proporcionárselo.
Vodka-limón es un film de Hiner Saleem que se desarrolla en una comunidad Kurda en la Armenia post-soviética, donde muestra el tormento que padecen sus habitantes en presencia de un clima inclemente con marcada pobreza, y en un ambiente de desolación glacial escalofriante infectado de desesperanza y abandono; donde la vodka les sirve para aplacar el frío y las penurias. Emana en ellos la constante añoranza del sistema comunista anterior que les proporcionaba subsidios, electricidad y trasporte gratis a cambio –ahora- de lo más preciado: la libertad; la cual no parece llenarles el estómago ni el espíritu.
Mientras allí los cambios se perciben de mal en peor, China se despierta del largo letargo y paulatinamente percibe las bondades de la introducción de su nuevo sistema económico. El crecimiento sostenido durante la última década, gracias a las mayores libertades, ha proporcionado, como nunca antes, grandes mejoras en la calidad de vida y le está abriendo a su pueblo un futuro promisorio.
Si trasladamos esta experiencia a Latinoamérica observamos un híbrido en reverso. Los cambios suscitados durante la década de los ochenta, con el advenimiento de las privatizaciones mal implementadas, aunado a la instauración generalizada de gobiernos de elección popular, hizo pensar que estábamos en presencia del neoliberalismo, cuando en realidad nunca nos liberamos del centralismo populista cleptocrático, pero aun así, la izquierda se encargó de tergiversar el desencanto y responsabilizar al capitalismo -que nunca llegó- de la pobreza reinante; lo que sirvió de bandera para resucitar el camino de las viejas doctrinas y crear la falsa y urgente esperanza de ser la única vía hacia el bienestar. Una ilusión irremediable al fracaso, perpetrada por la peor arma de destrucción masiva, la de los promotores de miseria.

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