Friday, January 27, 2006

La Multitud contraataca

ESTA EN NUESTRA naturaleza concebir la presencia de la mano divina en la creación del Universo y la vida. Del mismo modo es intuitivo creer en la presencia de un imperio todopoderoso que controla la economía mundial a su antojo.
Sin embargo, a pesar del escepticismo que genera contrariar la naturaleza humana, la teoría evolutiva de Darwin nos dice que esos procesos se deben a mecanismos asociados al caos y la complejidad, de donde emergen principios de autoorganización, que comienzan con sistemas simples que se interrelacionan con otros más complejos sin necesidad de un diseñador inteligente. La complejidad del diseño y el balance ecológico son la consecuencia automática y no intencional de la competencia individual entre organismos. De tal manera, la economía biológica guarda cierta similitud con la economía social.
La teoría de la selección natural de Charles Darwin es la mano invisible de Adam Smith, y esa mano invisible está representada por la multitud, la cual se conforma en un todo por la huma-nidad; unida en una intricada red comunicacional de transacciones comerciales y múltiples interrelaciones de carácter social y cultural de donde surgen coincidencias en puntos de unión atraídos por diversidad de intereses.
EN EL AÑO 2000, Michael Hardt, profesor asociado de literatura de la Universidad de Duke, y Antonio Negri, figura legendaria de la izquierda italiana, publicaron un libro con título galáctico: Empire, el cual se hizo popular entre los movimientos antiglobalizadores, por el rumor de que podía proporcionar un análisis más claro del nuevo orden mundial. Después de 4 años, y con el fin de aclarar las numerosas interrogantes que habían suscitado, se vieron en la necesidad de publicar otro: Multitude, donde proporcionan nuevos conceptos sobre las mismas ideas. Multitude venía a representar el héroe capaz de enfrentar al Empire, e impedir con su fuerza la hegemonía estadounidense, y eventualmente lograr, de algún modo, la verdadera democracia. A pesar de que sus ideas intentan reciclar los viejos conceptos de la izquierda para hacerla trascender de su estigma jurásico, ellos, sin saberlo, estaban definiendo el darwinismo económico arriba mencionado. Porque, no cabe duda, que hoy en día es una ilusión creer que la complejidad del mundo actual puede ser controlada por un solo país. Y eso se ha demostrado hasta la saciedad al observar como los eventos mundiales se suceden y EEUU es incapaz de imponer sus designios globalmente, más que todo, cuando estos contravienen la naturaleza biológica de la multitud, porque la interacción de sus agentes es altamente flexible, adaptativa e indiferente a cualquier control centralizado.
Usualmente los que más critican al llamado Imperio, la globalización y las libertades económicas son los que propician el Estado controlador y el integrismo contranatura. Pero esos son pequeños escollos para la multitud en su largo camino hacia el progreso, la libertad y la democracia.
BASTA COMPARAR a la China antes de Ming con la de hoy, la Holanda del siglo XVII con la España monárquica, Inglaterra del siglo XVIII con la Francia de Luis XIV, EEUU del siglo XX con la Rusia de Stalin, Hong Kong o Corea del Sur con la del Norte, Zimbabwe, Cuba o Haití. En todos los casos el éxito ha sido gracias a gobiernos descentralizados que propician las libertades en todos los ámbitos, a diferencia de los gobiernos todopoderosos inundados de corrupción y controles que ahuyentan la inversión, la innovación y el desarrollo, pero que condicionan, a la larga, su propia extinción.

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