Tuesday, April 18, 2006

La verdad en ruinas

WALTER BENJAMIN fue el maestro de la melancolía, interpretó ese sentimiento de remembranza como aquel que emana de cualquier evento insospechado del pasado. Se invoca como reflejo del calamitoso camino por el tiempo, y aflora en el instante en que se confronta la verdad palpable. Por ello la melancolía se entiende de manera más obvia, clínica y objetiva que la nostalgia, sin embargo, ambas sensaciones tienden a dibujarse juntas.
Para Benjamín las ideas son una proposición de hecho, los eventos, inclusive los más complejos, particularmente aquellos que resultan de los períodos históricos trascendentes, llegan sólo a entenderse cuando alcanzan un nivel terminal: la verdad en ruinas.
EN EL HURGAR a través de los escombros se manifiestan los rasgos melancólicos. Se busca en la descomposición algún significado. Es la peor de las tristezas y más desgarradora aun que la nostalgia porque esa pena aspira algo de vuelta, mientras, de la melancolía no se espera nada, el camino ha llegado a su fin, se sien te concluir en ese instante a toda una era.
Durante las catástrofes los seres reposan en medio de los escombros de la cotidianidad, como si el mundo donde yacen los objetos, que en su momento tenían sentido o propósito, se pierde, éstos descansan allí sin contexto. Quien la sufre irradia un estado de contemplación por el colapso de su mundo con la mirada perdida hacia el abismo en siniestra reflexión. Su verdad en ruinas. Un puente que colapsa evoca nostalgia por el recuerdo que deja como símbolo de una era, y por las innumerables memorias vividas durante su alegre transcurrir; melancolía la sienten todos los que sufren y viven aledaños a las vigas y los escombros: la verdad en ruinas.
Benjamín fue estudioso de la melancolía porque la vivió en carne propia al confrontarla durante la caída del Imperio Austro-Húngaro. Europa Central y Occidente a finales del siglo XIX e inicios del XX, ya bien adentrados en la era de la luz, bruscamente desembocan en la Gran Guerra. Y así lo expresa en sus palabras: "Una generación que iba a la escuela en carreta se encuentra ahora al aire libre, ya el paisaje no es el mismo excepto por la nubes, en su centro, en un campo de fuerza de torrentes de destrucción y explosiones, el pequeño y frágil cuerpo humano".
SISIFO sube esperanzado la cuesta y rueda la roca a la cima, ella desciende de nuevo. El repite el ascenso y cumple una y otra vez el infinito ciclo. Dejamos un siglo de ciclos sangrientos, y en un abrir y cerrar de ojos surgen nuevos horrores cargados de odio y de ira al son de nuevas batallas por venir. Unos se sienten vencedores y otros vencidos, unos se ven esperanzados hacia la libertad, y otros temerosos hacia la opresión y la desesperanza. El trajinar evoca momentos de añoranzas en donde hay los que creen haber vivido un triste y amargo pasado, y los que sollozan por haber perdido un pasado feliz, próspero y alentador que jamás volverá.

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