Sunday, May 07, 2006

Obsesión fatal

SI OBSERVAMOS LA PRADERA con detenimiento podemos encontrar en el césped una que otra hormiga que curiosamente trepa de manera repetida una de las hojas. Cuando apenas logra llegar al tope, pierde el equilibrio y cae, pero de inmediato persevera y con determinación intenta una y otra vez llegar a la cima. Nos preguntamos por qué esta hormiga se obstina en llegar hasta arriba, y qué beneficio le proporciona esa actividad tan ofuscada. La respuesta radica en que la hormiga no trata desde la cúspide visualizar mejor el terreno para conseguir comida o con quien aparearse, ella no está en busca de su bienestar. Sucede que su cerebro está invadido por un diminuto parásito (Dicrocelium dendriticum), que necesita llegar al estómago de una oveja o vaca que merodee en la zona para completar su ciclo reproductivo, y es más fácil ser engullida en la punta de la hoja que cerca de la raíz. Este pequeño agente controla el cerebro del insecto para beneficiar a su especie, no a la de la hormiga, que sin saberlo se suicida.
Las mismas conductas absurdas se ven en muchas especies animales, para beneficio no del invadido sino del invasor.
Eventos similares ciertamente también ocurren, para bien o para mal, en los seres humanos. Encontramos con frecuencia individuos que ponen de lado sus intereses personales, su salud o su vida por el beneficio de alguna idea alojada en su mente. El objetivo de la idea es la misma que la del parásito, reproducirse.
En 1327 Mastro Cecco, un florentino ilustrado, cayó en desgracia con las autoridades locales y fue apresado por la Inquisición. Fue torturado y obligado a desistir de sus ideas. Debido a que no podía declarar falsas sus convicciones fue condenado a sufrir el horror de morir quemado vivo en la hoguera junto a sus libros y escritos en la plaza pública.
¿Tiene algún sentido la razón ante los ojos de los inquisidores? Sin duda Cecco trató de usar la razón y la lógica con sus verdugos para proporcionarles las más claras evidencias. Nos preguntamos: ¿sirvió de algo explicarles sus razones? Por supuesto que no, sería como hablarle a una hor miga.
El radicalismo, en cualquiera de sus formas, representa una amenaza a la propia existencia. Donde no hay tolerancia no hay libertad. Todo dogma es enemigo de la razón y muchas veces es un enemigo encubierto. Los inquisidores no usan artillería convencional para atacar el cuerpo y convencer, se valen de dispositivos nucleares que atacan las almas. Con la ayuda de la propaganda y el adoctrinamiento por todos los medios posibles introducen inadvertidamente las ideas contra natura. Todos huyen del debate con los que no comulgan sus líneas partidistas. Y para ellos reservan el crimen, la difamación, la intimidación, las amenazas, las falsas incriminaciones y la condena.
Ante estas circunstancias, ¿existe alguna solución posible antes que aceptar la derrota?, ¿qué fuerza puede tener la razón en un mundo dominado por el dogmatismo intelectual donde el diálogo y el debate no significan nada?
La respuesta es simple. Para poder la razón sobrevivir debe ser más poderosa que la fuerza bruta, requiere de individuos con coraje y convicción, libres de dogmatismos políticos o religiosos, que amen profundamente la democracia y la libertad alojadas en el código genético y estén dispuestos a defenderla a toda costa.

1 Comments:

At 3:27 PM, Blogger dwainprehiem59023281 said...

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