Monday, August 07, 2006

Espinoza Superestrella

ESTE MES MARCA LOS 350 AÑOS de la excomunión del filósofo Baruh Espinoza, él perteneció a la comunidad judía portuguesa de Amsterdam, de donde fue execrado en su juventud. Ese hecho hoy en día es de gran significado a la luz de los recientes acontecimientos mundiales, fruto de la acción perniciosa del totalitarismo político y religioso.
Rebecca Goldstein en Traicionando a Espinoza (2006), nos ofrece una nueva dimensión de su obra, y a raíz de las circunstancias actuales descubre enseñanzas que iluminan y contribuyen a desmembrar escollos que parecen infranqueables.
Espinoza pensaba que nadie tiene la exclusividad sobre una supuesta verdad, por ello sus conclusiones sobre la intolerancia son de relevancia universal. Quienes lo juzgaron eran refugiados, víctimas de la persecución y del sectarismo durante la Inquisición en España y Portugal, que a finales del siglo XV los forzó a emigrar o convertirse al cristianismo. Los Nuevos Cristianos o marranos, como se les llamó durante varias generaciones, eran sometidos al escrutinio de los inquisidores por la sospecha constante de albergar el rechazo a Cristo en el alma. La Inquisición española se constituye en el primer experimento racista de Europa.
La reacción de Espinoza ante la intolerancia religiosa que le agobiaba fue crear una vía de escape contra el pensamiento excluyente. Comprendió que existía una predisposición natural y poderosa a aceptar como verdad a aquella que viene con uno al nacer. Esa noción se concibe dentro del espíritu y se conforma como una coraza invisible que nos convence de la religión, la ideología y la política. En contra de esa tendencia no tenemos otra defensa que la razón, la cual debe permanecer en guardia para sofocar las falsas intuiciones, que nos inducen a creer que somos cósmicamente más importantes de lo que realmente somos. Esas conclusiones fueron tan radicales en su época como hoy en día.
Espinoza consideraba que la razón era nuestra única esperanza de salvarnos y gracias a ella las consecuencias incidían en todas direcciones: la política, la cultura, el progreso, etc.
Si estamos dotados del razonamiento lógico, es nuestra obligación usarlo; el ceder nuestra responsabilidad a otros, bien sea al Estado o a la Iglesia, no representa una opción racional ni ética. Es por ello que la democracia para Espinoza viene a ser una forma superior de gobierno, sólo a través de ella se pueden preservar y aumentar los derechos individuales. El Estado está para ayudar a preservar la vida y el bienestar, pero no debe nunca bloquear la responsabilidad de fomentar nuestras creencias a la luz de las evidencias. Por ello el gobierno que lo impida atenta contra su legitimidad por afectar la expansión del potencial humano. El Estado fundido con la religión o con el dogma es intrínsecamente inestable y asfixiante porque al imponer su visión de la verdad actúa en contra de la libertad.
El intento de Espinoza de deducir todo a partir de estos principios fue descabellado para la época y lo llevó a su condena, pero lentamente sus ideas se fueron introduciendo en los siglos venideros, y con ellas se fundaron las bases de los postulados constitucionales.
Según Espinoza nuestra capacidad de razonamiento es lo que nos hace invaluables y merecedores de dignidad y compasión. Y las consideraciones éticas que poseemos son una ley natural y no el producto de la revelación divina.
Su objetivo era hacernos susceptibles a la voz de la razón, lo cual pudo sonar quijotesco e inadmisible hace 350 años, pero no imposible en nuestro siglo.

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